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Toni Erdmann

Toni Erdmann

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La construcción de películas sobre lazos familiares se hace dura. Y no precisamente por lo complicado de la construcción en sí, sino porque es una tarea casi titánica no parecerse a la cantidad insufrible de clones de semi drama, drama, comedieta o telefilm, con situaciones tan manidas, secuencias tan predecibles y guiones tan llenos de frases semifilosóficas que casi insultan. Así que, cuando uno se encuentra con una película como Toni Erdmann, no puede evitar sentir un escalofrío de placer neuronal. Por su inclasificable simplicidad, por su amor al cine, a los actores, por su creíble inverosimilitud, por ser una de las historias más insólitas y sorprendentes de los últimos años. No en vano ha conseguido una larga lista de premios y nominaciones en un gran número de festivales europeos y del otro lado del charco (fue la película a concurso en la carrera de los Oscar por Alemania). Toda una sorpresa que pasó demasiado desapercibida por la cartelera de demasiadas ciudades, pero que ahora se puede volver a disfrutar desde la comodidad del sofá.

Una hija que trabaja demasiado y un padre que nunca es lo parece y cuya esencia vital consiste en sorprender a todos los que le rodean con las más surrealistas de las ocurrencias, son la base sobre la que se construye esta historia de amor familiar en la que la incomprensión se transforma en algo más allá de las palabras en un guión. De un guión cargado de giros casi absurdos, de emociones disfrazadas de personajes geniales creados por los propios protagonistas, de bofetadas a una realidad demasiado seria para ser tomada en serio, en la que las formas, el qué dirán, los protocolos y la rueda que no para de girar sin encontrar ningún escollo en su camino hacia el éxito, estallan como pompas de jabón a las que un payaso persigue sin cesar por un parque lleno de gente que no para de sonreír, atónita, por conseguir una chispa de originalidad en sus grises y rutinarias vidas. Toni Erdmann, el personaje alter-ego del padre de la protagonista, es uno esos fascinantes descubrimientos a los que no sabes si odiar o aplaudir por su osadía y originalidad, pero al que acabas amando sin remedio.

La cotidianeidad de las emociones de los dos protagonistas (y los que giran a su alrededor), mezcladas con la necesidad de dar rienda suelta a las más básica necesidad de ser feliz con uno mismo, son trazadas por la increíble directora Maren Ade con una aparente facilidad cargada de silencios, planos sin nada más que miradas y la indescriptible sonrisa de quita y pon del que da nombre al film. Pero no por ello resultan menos dolorosas y necesarias las revelaciones a los personajes y, por ende, a los espectadores, al descubrir ciertas verdades demasiado arraigadas en el día a día que resultan absolutamente inútiles en la lista de lo que nos hace más humanos.

Conmovedora, hilarante, absurda, inclasificable. Magnífica.

Dirección y guion: Maren Ade Intérpretes: Peter Simonischek, Sandra Hüller, Lucy Russell, Trystan Pütter, Thomas Loibl, Hadewych Minis, Vlad Ivanov, Ingrid Bisu.

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