“El florido pénsil”. Me viene al pelo el título de Andrés Sopeña. Libro, pero que también fue teatro. Encaja por el contexto histórico, por su compromiso con la memoria democrática y porque dice pénsil, que si bien significa “jardín florido” según la RAE, suena a “pencil”, lápiz en inglés. Y así como su libro iba de la educación nacional-católica de posguerra, “Viva!” está poblada y en buena parte interpretada por esos lapiceros a los que, por perder la mina y por ende la vida, no les permitieron escribir la historia. Los del sacapuntas lo hicieron. Una atractiva propuesta para acometer en formato teatral de objetos, y con la comprometida intención de convertir el relato en un documento de denuncia educativa. Uno de tantos episodios del horror acomodado en el entorno nacional franquista, simplificado y convertido en un cuento visual para espectadores jóvenes, no infantiles, que pueda contrarrestar en lo posible las cada vez más frecuentes campañas de blanqueo del fascismo. Y en este sentido, con pros evidentes y algunos contras, el espectáculo se queda algo corto.
La inventiva visual y narrativa es innegable, y algunas ideas se plasman con admirable rotundidad dramática, pero la apuesta por narrar desde la verdad en primera persona, las entradas y salidas desde la ficción pretérita a la cotidianeidad teatral, acaban diluyendo la intensidad de algunos momentos. Y desvían el foco hacia la anécdota íntima, emotiva, que aunque resulte cómplice y simpática, incluso divertida, distancia la atención e interrumpe la tensión.
Con todo, “Viva!” es un buen trabajo. Complejo en su ejecución y muy necesario en los tiempos que corren y los que se avecinan.
Compañía: La Loquace Cie
Autoría y dirección: Lisa Peyron y Daniel Olmos
Interpretación: Lisa Peyron y Daniel Olmos
Teatro: Sala petita Teatre Principal de Palma.
Festival de Teresetes de Mallorca
Javier Matesanz



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