Mucho han tardado en hacer la película, teniendo en cuenta que Minecraft es el videojuego más vendido de la historia, y que prácticamente ya no queda ninguno que no haya dado el salto de la consola a la pantalla grande. De antemano, la rentabilidad del producto más que previsible era inevitable. Otra cosa es que fuera necesario. Que tuviera algo que aportar, que no fuera una cuestión estrictamente contable. Y visto el resultado, la respuesta es no. Pero es que ni siquiera lo intentan.
La singular estética cuadrangular del original ofrecía una oportunidad única para desmarcarse de la rutina infográfica de este tipo de artefactos digitales, pero no. Está bien hecha, desde luego. Lo contrario sería intolerable a estos niveles. Pero es puro contexto geométrico para un relato plano, previsible, simplón y narrativamente arrítmico. A ratos atropellado, reumático a otros. Absolutamente desigual en todos los aspectos. Es bobalicona, casi naif, para encajar con la audiencia infantil, a la que va especialmente dirigida la cinta. Pero con ese doble baremo, tan común actualmente, en el que se reivindican o fomentan los valores tradicionales de la familia, la lealtad, el esfuerzo y las ilusiones como faro existencial pera una vida feliz y plena, combinadas con explícitas actitudes violentas perfectamente normalizadas, que incluyen las ejecuciones, la tortura, la humillación, etc. Tal vez para incluir a los padres en el combo argumental, pero más que discutible desde un prisma educativo.
Desde una perspectiva puramente cinematográfica, la película adolece de carencias tan evidentes que sus propios responsables parecen querer neutralizarlas con una introducción didáctica, que pretende poner al día a quienes no estén familiarizados con el mundo de Minecraft. Porque de ser así el conjunto te va a parecer una bobada injustificada. En cambio, si conoces el juego, es una bobada cuadrada.
Título: Una película de Minecraft
Director: Jared Hess
Intérpretes: Jack Black, Jason Momoa, Danielle Brooks…
Javier Matesanz



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