Esta quinta entrega era inevitable. La evolución lógica del universo “Toy Story”. Si la edad de los niños era el factor que precipitaba la caducidad de los juguetes, ahora la amenaza es digital. Pantallas versus juguetes de trapo, plástico y variantes tradicionales. El argumento estaba cantado. Solo había que desarrollarlo con el habitual ingenio de la factoría. Con su infalible precisión animada, aprovechando la complicidad de toda una galería de adorables personajes, y basculando entre la divertida ingenuidad del humor infantil y la incisiva crónica en forma de relato familiar marca de la casa. Nunca exenta de reflexión emotiva y existencial para todas las edades. Pero no. Sin ser una mala película, pero valorándola en su notable contexto, por primera vez la fórmula no acaba de funcionar. Se le ven las costuras al producto. Los ingredientes, los elementos imprescindibles se combinan casi por necesidad. No fluyen, sino que se agregan a una narración más convencional que de costumbre. Previsible, monótona, rutinaria, donde las sorpresas las marca el guión y no la emoción. Y además, el conjunto adolece de una falta evidente de determinación. Los excesos no son buenos. Pobre Woody, Buzz, Jessie, Perdigón y compañía. Pero tampoco no se pueden demonizar las pantallas, internet, las redes y el universo digital, aunque sean los responsables de la caducidad del juguete clásico y la fuente de un conflicto creciente en cuanto a la sociabilidad infantil y juvenil y… Así que, al final, ni pa ti ni pa mí. Que todo es compatible y trapo y pixels pueden convivir. Un salomónico desenlace que desacredita el planteamiento de la cinta y la deja en ese incierto terreno de la indefinición que a nadie convence ni emociona. Critico pero justifico. Facilón. Por debajo de los logros de la hasta ahora impecable franquicia.
Director: Andrew Stanton
Voces: Tom Hanks, Tim Allen, Joan Cusack.
Javier Matesanz



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