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Rosalie Blum

Rosalie Blum

autor

Vincent Machot es capaz de recorrer cualquier lugar del pueblo en bicicleta con los ojos cerrados, aunque no ha ido nunca a Australia, ni al Amazonas, ni a ningún sitio. Es peluquero y conoce a todo el mundo. Su vida es apacible, tranquila, pausada, conocida, de memoria. Hasta esa tarde de otoño. Rosalie Blum es una de esas pequeñas películas en las que uno se reconcilia con el género humano, con los caminos, los paseos porque sí, la contemplación tranquila de la gente al pasar, las miradas y los ojos, la timidez, la intriga de querer saber algo más de las personas, la cotidianidad y la veracidad de los sentimientos. Lo que se presenta como una obra presuntamente sencilla, se convierte en un tratado sobre vidas mucho más ricas en detalles que el aparente gris y en las historias pasadas que todos tenemos guardadas en algún cajón. La pasión con la que el francés Julien Rappeneau (hijo del director Jean-Paul Rappeneau) retrata, en su primera película como realizador (tiene más de una decena como guionista), es lo que hace funcionar una obra que sirve de puerta abierta a un público curioso de la normalidad de las vidas que empiezan siendo ajenas, pero terminan siendo más que cercanas.

No se trata de una historia de carcajadas, pero sí que provoca sonrisas gratificantes y que parece alimentarse de la magnífica Todos rieron, del mejor Peter Bogdanivich. Nominada al César a la mejor ópera prima, ganó el premio del público en el último festival de Gijón, es una pausada combinación entre humor, drama y excentricidad. La construcción en episodios correspondientes a los puntos de vista de sus tres principales actores añade la intriga de descubrir a cada uno de los personajes al igual que lo haría un discreto curioso, contemplando sus movimientos, sus desayunos, su trabajo, sus noches, sus tardes con el gato. Basada en el cómic del mismo nombre de Camille Jourdy, Rosalie Blum alimenta a sus espectadores igual que una gran historia en papel: despacio y con el poso de las viñetas que quedan en la memoria días después.

El cine pequeño es (casi) el único que es capaz de grandes cosas. Es (casi) el único que enciende la neurona que se había quedado dormida y que necesitaba un pequeño empujón, ese detalle minúsculo, que obliga a avanzar. El cine pequeño no es perfecto, pero es absolutamente necesario.

Director y guionista: Julien Rappeneau. Intérpretes: Noémie Lvovsky, Kyan Khojandi, Alice Isaaz, Anémone, Philippe Rebbot.

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