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Moonlight: dolor y arte

Moonlight: dolor y arte

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El cine social no necesita grandes producciones, sólo hacerse. Cualquier película que narre con un mínimo de calidad una historia de injusticia en una sociedad en la que el dinero lo es absolutamente todo tiene un hueco en taquilla y un público al que le llega e, incluso, si la calidad es considerable, la posibilidad de la ganar algunos premios. Evidentemente, habrá quien diga que el cine social, siguiendo estas premisas, resulta cansino. Las historias tristes, dramas contundentes, puñetazos en el estómago y revuelto de conciencias, son los que bombardean todos los medios de comunicación tradicionales y digitales cada minuto, y con eso es más que suficiente. Puede ser, pero también es necesario. Igual que la belleza, que la cultura, que el arte. Por eso hay que ver Moonlight, porque, independientemente de su necesidad, es belleza en crudo y sin aditivos, es cultura más allá de los libros y los museos, y es arte que sale de la pantalla para instalarse en las retinas y la memoria del público. Porque es un drama enorme, porque da una verdadera paliza emocional a los sentimientos y a la razón, porque uno termina la película con la sensación de que hay que seguir avanzando pase lo que pase, y porque es una de las producciones más apabullantemente bonitas que uno ha tenido el placer de disfrutar.

La película de Barry Jenkins es un tríptico de la vida de un joven en el Miami de las drogas y los trapicheos narrado con una precisión absoluta que pasa completamente desapercibida al espectador. Nada está forzado, nada resulta falso, todo parece estar ahí simplemente porque ese es su estado natural. Tal fuerza narrativa permite trazar las secuencias con una libertad absoluta, tanto a nivel de guión como a nivel visual, y convertirlas en coloristas cuadros cargados de emoción y dolor. Es complicado llegar a tal nivel de elegancia tratando un tema como el que trata. Pero el joven realizador cuenta, además de con un innegable talento, con unos actores que no actúan, son. Desde Alex R. Hibbert (Little) hasta Trevante Rhodes (Black), pasando por (y sobre todo) Ashton Sanders (Chiron), los tres increíbles intérpretes del mismo personaje son capaces de transmitir sólo con su presencia las emociones más densas. Además del resto del elenco, en el que destacan Mahershala Ali y Naomie Harris y sus dos nominaciones a los Oscar.
Cine social hecho arte. Barry Jenkins se une a la lista de los directores a los que hay que seguir por su firma. Qué doloroso y auténtico placer.

Guión y dirección:Barry Jenkins. Intérpretes: Alex R.Hibbert, Trevante Rhodes, Ashton Sanders, Mahershala Ali, Naomie Harris, Janelle Monáe.

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