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Minions & Monsters

Minions & Monsters

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Me gustan los Minions. Partamos de esa base. Porque pueden ser muy cargantes y tontorrones si te entran cruzados. Pero a mí me hacen gracia. Con y sin Gru. Son la ingenua y devastadora encarnación del mal sin mala intención. Y por eso encantadores en su absurda y destructiva simpatía de incomprensible locuacidad políglota. Así que mi predisposición era buena, aunque mis expectativas en cuestión de franquicias comerciales hace tiempo que rebajaron su nivel de exigencia. La única manera de disfrutar incluso de mediocridades más o menos resultonas. Y así me enfrente, acompañado de un público infantil idóneo, a los nuevos y disparatados “Minions & Monsters”. ¡Y qué bien me lo pasé! Diría yo que mejor que los peques. Porqué más allá del vandalismo inherente a las catastróficas pildorillas amarillas, la película es un homenaje cinéfilo de primera. Y además, hecho de tal manera, integrándolo con ingenio en el argumento, que no resulta forzado en absoluto. Y acaba por ser un auténtico carrusel de guiños y referencias a los clásicos de Hollywood y a sus autores, que se convierte casi en un juego a lo Trivial. La introducción es una gozada en ese sentido. Y el disfrute continúa al menos durante cuarenta y cinco minutos más, con un auténtico repaso  a la historia del cine mudo y a sus emblemáticos protagonistas. Y por eso resulta tan brusco el momento del inesperado frenazo. Realmente sorprendente y difícil de explicar como un relato fluido, divertido, estrambótico y frenético cae de golpe, con la llegada del sonoro al séptimo arte y el consecuente despido de los llamémosles gangosos protagonistas, en el sopor más absoluto. En un romanticismo tontorrón, sin gracia y para nada emotivo, que ralentiza la película y la convierte en una rutinaria colección de tópicos repartidos en dos acciones paralelas, que tampoco conviene desvelar. Un descalabro doloroso, porque no solo resulta aburrido, sino que neutraliza la diversión cinéfila y gamberra que hasta entonces se había adueñado de toda la sala. De niños y de adultos. Cada cual por lo suyo. Un mérito que colocaba la cinta en lo más alto de la serie, y que aun recuperando en parte el pulso en el tramo final, queda lastrada por unos personajes y unas tramas tardías que le restan la frescura y la espontaneidad inicial, y enrarecen ese aroma a cinefilia que nos había embriagado desde el comienzo. Una pena, la verdad, porque no está mal, la película, pero podría haber estado muy, muy bien.      

Dirección: Pierre Coffin

Voces: Jesse Eisenberg, Jeff Bridges, Christoph Waltz, etc.

Javier Matesanz

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