No es el mejor biopic. Y siendo de quién es, tenía material para ser la bomba. Pero acaba mostrando con pulcritud y poco nervio los conflictos familiares (un padre que merece su propia película como villano), el despertar de un talento único y las contradicciones, o más bien concesiones, del artista en sus primeros pasos hacia la leyenda. Pero nada que perturbe en el drama, y emotividad edulcorada en el éxito. Cinematográficamente sosa. Pero quien esto suscribe les recomienda no buscar la motivación por ahí. Déjense llevar por la música. Y disfruten. El resto les dará un poco igual. Eso sí, quédense con algún detalle, tal vez verídico tal vez no, como el porqué de “Neverland”, la extravagante colección de mascotas del cantante, que esconden la semilla de su tristeza y frustración, o el modo en que concebía y componía sus éxitos, que cambiaron el mundo de la música pop para siempre. Y después bailen con él, aunque sentados, pues es imposible no contagiarse y admirar el genio de un artista único e irrepetible. Al que la película solo acaricia, condescendiente, y eso puede decepcionar. Por la ausencia del lado oscuro por todos conocido. Pero lo cierto es que ni lo prometen ni lo intentan. Más que una biografía de Michael y los Jackson es un tributo musical con cuatro pinceladas humanas a modo de justificación dramática. Y un sobrino del cantante que lo remeda de lujo. Pero poco más. Así que lo dicho, déjense llevar por el ritmo. Y al llegar a casa o el fin de semana completen el homenaje viendo “This is it”. Documental de Kenny Ortega con y sobre Michael Jackson. A mí me gusta más.
Dirección: Antoine Fuqua
Intérpretes: Jaafar Jackson, Colman Domingo, Nia Long.
Javier Matesanz



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