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Manchester by the sea

Manchester by the sea

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A Lee Chandler le duele la vida. Le pesan las manos, las piernas, las palabras, el alma. Es técnico de mantenimiento en cinco bloques de apartamentos en Boston. Hace frío, nieva, las tuberías se congelan y se rompen. No es amable con los inquilinos de las viviendas. Ni con nadie. El teléfono suena y contesta con desgana. Ha ocurrido algo que supondrá el final de ese episodio en su vida. Él lo sabe y el espectador, que ya se ha introducido en una historia que siente que no será fácil de digerir, también. Así arranca Manchester frente al mar, la enorme (diminuta) película de Kenneth Lonergan en la que Casey Affleck, Lucas Hedges y Michelle Williams firman la interpretaciones que le pueden valer su primer Oscar. Así arranca una historia tremenda que revuelve la vida de un pueblo frente al mar llamado Manchester y que se cuela por las rendijas de las ventanas y las puertas de todos sus habitantes. Un largometraje que igual que empieza, se va desarrollando en sus más de dos horas y media de metraje: despacio, sin prisa, a base de anécdotas y recuerdos de aquellos tiempos en los que todo era mucho mejor y Lee salía a pescar con su hermano y su sobrino y se reían hablando de bancos de tiburones que no existen y su mujer le quería y sus hijas le querían.

Construir una película como esta es una tarea titánica (mucho más que cualquier Michael Bay que se desprecie), porque todo tiene que tener una razón, un orden al que darle la vuelta, y un montón de caminos que explorar para ir descubriendo su núcleo. Y todo eso hay que hacerlo sin que el espectador se dé cuenta, como las tardes con los amigos en el bar, como las horas anodinas dejando pasar los minutos hasta la próxima cita, como las cervezas frente al televisor viendo un partido de hockey sobre hielo. Ahí está el mérito de Lonergan, un hombre que ha sabido rodearse de gente que entiende el mundo igual que él, que visualiza cada minuto y cada diálogo igual que él y que es uno de los que opta a ser el mejor director y el mejor guionista del año pasado en los premios de cine más conocidos del mundo. Por eso la música se convierte en parte de la historia y su fotografía ya no se podrá desvincular nunca de todo lo demás y sus silencios serán como las miradas de Ingrid Bergman en el cine en blanco y negro y la cadencia se volverá tan imprescindible como el ritmo pausado y repetitivo en las en las canciones de Van Morrisson.

Por eso Manchester by the sea se quedará en las retinas y las neuronas encargadas de guardar los diálogos de las películas que ya nunca olvidarás. Porque es triste, porque es dura, porque es un mazazo emocional que te deja sin palabras y con la mirada fija en la pantalla mientras los títulos de crédito se suceden sobre un pueblo que seguirá con su vida. Demasiadas emociones para mí, dirán algunos. Pero de emociones imprescindibles va el cine, ¿no?

Director y guionista: Kenneth Lonergan. Intérpretes: Casey Affleck, Lucas Hedges, Michelle Williams, Kyle Chandler.

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