Ciento cuarenta años después seguimos en el mismo balneario. No importa el dónde ni el cuándo, sino la dramática y vergonzante vigencia de la conclusión a la que llega el buen doctor, aquel que fuera el enemigo del pueblo, y que no es otra que “el hombre ha fracasado”. Una sentencia que deviene conciso y preciso resumen cuando comprobamos que el argumento de un relato que habla de corrupción, de manipulación ideológica y ambición política, de bulos (des)informativos, de atentados ecológicos, agravados además por intereses económicos, y de borreguismo social al mejor postor, es tan actual hoy en Mallorca como lo fuera a finales del siglo XIX en la Noruega natal de Henrik Ibsen. Un visionario, suponemos que muy a su pesar.
La verdad solo lo es si nos interesa. Esa es la única verdad, aunque sea mentira. Y así lo anticipa José Martret en su versión del clásico. Con un prólogo metateatral sin cuarta pared, y un personaje que también es actriz e incluso su trasunto femenino. En fin, una advertencia de lo que está por venir. Un grandísimo texto teatral del repertorio universal, que Ibsen podría haber escrito hoy mismo con idéntico tono e intención. De hecho, la escena del improvisado debate asambleario, por ejemplo, bien podrían haberla calcado de un informativo de ayer. O a la inversa, porque si le pasan el libreto a un ujier del Congreso y desliza unas copias en los escaños apropiados, más de un diputado ganaría un Max. El agua sigue podrida y empeorando.
Por eso a Martret le interesaba recuperar esta obra, y poner el acento en la vigencia del texto. Y así, más allá de algún llamativo recurso visual y espacial, y envolviendo la acción en una escenografía intemporal y sin pistas geopolíticas, a parte de la vetusta máquina de escribir y la mallorquinización de los nombres, todo el protagonismo recae en la palabra. En la diatriba centenaria que no necesita actualización para resultar demoledora como manifiesto crítico. Reforzado además por la solvencia de un reparto impecable.
Por el contrario, la voluntaria preeminencia concedida al texto hace que el conjunto sea algo estático. Y brinde incluso algunos momentos anómalos, como esas disposiciones escénicas donde los intérpretes se alinean cara al público a modo de subrayado. Sin duda una decisión coherente con la esencia de la propuesta, pero que la espesa en cuanto al ritmo narrativo. De modo que no pierde interés el mensaje, pero se erosiona la atención necesaria para recibirlo y asimilarlo.
Producción: Teatre Principal de Palma.
Autor: Henrik Ibsen.
Adaptación y dirección: José Martret.
Intérpretes: Toni Gomila, Lluqui Herrero, Caterina Alorda, Pedro Mas, Xavi Frau, Rebeca del Fresno, Miquel Gelabert…
Sala gran del Teatre Principal de Palma.
Javier Matesanz



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