Tres Lauras. Tres mujeres. Tres generaciones de una misma familia. Y un momento crucial en sus vidas que no podemos dilucidar para no incurrir en spoiler. Lo cual complica sobremanera nuestro cometido, pues condiciona tanto la dinámica como la lógica fantástica del relato. Una inesperada y atípica reunión que, arbitrada por algo así como un polígrafo espectral, se presta al intercambio de opiniones, al debate existencial, al repaso nostálgico de lo que fue o pudo haber sido, a las confesiones inconfesables, a los reproches y también, desde luego, a los reencuentros y reconciliaciones. Un terreno de juego que, si compramos la quimérica premisa argumental, da para mucho. Para todo, de hecho. Tres mujeres tocayas y emparentadas erigidas en portavoces de su generación, cada una desde la atalaya de sus ideales y sus ideologías. Y en cambio es ahí donde radica la principal debilidad de la propuesta. La falta de concreción, la dispersión. Aquello de abarcar demasiado y apretar poco. Y así, en su legítimo anhelo de abordar temas de candente interés sociopolítico, y hacerlo además desde prismas contrapuestos para fomentar el debate, la controversia o la denuncia deslizada desde el sarcasmo, la propuesta acaba por moldear tres estereotipos. Lo cual aligera y relativiza la pretendida relevancia de las disquisiciones, que acaban vertebrando un divertimento eficaz y entretenido, a ratos existencialmente vodevilesco, pero de escaso calado en su discurso.
Eso sí, las actrices están formidables en sus roles. A veces excesivos. Pero en todo momento divertidas y cómicamente compenetradas. Aprovechando con soltura ocurrencias cómicas y algunos ingeniosos chascarrillos, que mantienen la fluidez y el ritmo de un relato que, rizando el rizo, le brinda a Laura Pons la oportunidad de escenificar su despedida. Qué mejor que hacerlo desde el escenario.
Gracias, Laura.
Autores: Rafel Gallego y David Mataró
Dirección: Marga López
Intérpretes: Laura Pons, Enka Alonso y Mariona Hauf
Javier Matesanz



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