Nolan es inabarcable. Monumental. Puro espectáculo sin concesiones comerciales. Aunque todos queremos ver su cine. Y eso es ser comercial, aunque en la mejor de sus connotaciones. La del artista, el creador, siempre fiel a sus intereses, sus obsesiones, a los gérmenes de una inspiración obstinada en desentrañar los interrogantes del paradigma del espacio-tiempo. Un temario peliagudo si de entretener se trata. Pero que es capaz de convertir sus reflexiones, sus enrevesadas fantasías y sus retos fílmicos de trasfondo filosófico en relatos que, sin ser complacientes ni pensados para el consumo masivo, nos seducen por su pasión, su intensidad y la grandeza de sus imágenes. Siempre dotadas de una belleza perturbadora, rotunda, que fascina pese a su pertinaz crudeza. A veces enfermiza, pero hipnótica. Y aquí está otra vez con su formidable versión de “La odisea”.
La homérica aventura por todos conocida, aunque apenas por nadie leída, es abordada por el cineasta sin complejos ni cortapisas. Bueno es él en cuestión de volúmenes y proporciones. Y aprovechando toda la munición visual que la mitología y el artificio de la magia le proporcionan, urde un tremendo espectáculo rayano en el mainstream, que no elude una sola de las amenazas del trágico destino de Odiseo escrito en épicos y vetustos poemas. Un viaje rumbo a Ítaca con innumerables escalas, en las que flirtea con cíclopes, gigantes, cantos de sirenas, maledicentes hechiceras y hasta con los muertos invocados en el Hades. Ni un capítulo de la epopeya se deja, por respeto al muy ultrajado Homero en incalculables versiones previas, y para deleite de los espectadores adeptos a la fantasía. Pero no por ello estamos ante un blockbuster, ni mucho menos. No es esa la pretensión de Nolan, aunque nunca rehúse al espectáculo. La narración es de corte existencialista. Un desesperado relato de redención personal y expiación colectiva, con un enfoque tan crítico como pesimista sobre la condición humana, que no es en absoluto casual en manos de un incisivo cineasta que, mientras sigue haciendo malabarismos con la percepción del espacio y el tiempo en sus narraciones, nos pone ante el espejo de los tiempos para avergonzarnos. No es para menos.
P.D: Qué gran trabajo el de Matt Damon.
Director y guionista: Christopher Nolan.
Intérpretes: Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Zendaya, Charlize Theron, Robert Pattinson.
Javier Matesanz



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