La maleta es tal vez la metáfora teatral por excelencia. Representa el viaje existencial y el del migrante, el de la aventura y el del destierro. Es el baúl de los recuerdos, el equipaje de las despedidas, y también del regreso. El escondite de doble fondo, el maletín del dinero, el estuche del gánster o la valija del miedo. La mochila del colegio y la cartera de las ilusiones de un primer empleo. La caja de las mudanzas, el neceser compartido de los primeros amores y el kit de urgencias prenatales, que viene a establecer el nuevo comienzo. Ese que día a día, otra vez, habitará incansable nuestras maletas. Siempre únicas, aunque por ello universales. Como lo son éstas que nos ocupan, y que nos llegan facturadas desde Menorca, propiedad de Minúcia Teatre.
Una propuesta ambiciosa, familiar, que no infantil, que apuesta por la riqueza del mestizaje formal. Y para conmover y divertir marida el clown, el mimo, el ingenio narrativo del objeto, el gag sonoro, la canción colaborativa, el slapstick y hasta referencias nostálgicas a los payasos de la tele, aunque sea en versión Chicago Bulls. Una apuesta tan arriesgada como interesante, que se salda con resultados irregulares, pero con un innegable balance positivo. Aun con algunos tropezones rítmicos, un par de gags en exceso alargados y alguna escena resuelta con una parquedad rutinaria que las desluce. Zonas grises contrarrestadas por momentos realmente divertidos, la notable capacidad empática de la expresión gestual de los intérpretes y un hilo argumental juguetón, que sabe mantener el interés y la atención, para guiarnos finalmente a buen puerto, con nuestras maletas repletas de sonrisas, algún suspiro y unos bien merecidos aplausos.
Título: La maleta
Dirección escénica: Anna Ros
Creación y interpretación: Anselm Serra y Jordi Pérez
Teatre Principal de Palma (Sala petita)
Javier Matesanz



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