Supongo que es inevitable preguntarse si la película es para todos los públicos o solo apta para los aficionados a la Fórmula 1. Pues bien, ahí va la respuesta de un neófito que nunca ha visto una carrera entera ni tiene intención de verla. “F1” es mucho más entretenida y emocionante (aunque previsible, desde luego) que cualquier retransmisión televisiva con Antonio Lobato. Dicho sea con todo mi respeto profesional. Cuestión de gustos, solo eso.
Cierto es que el guion de la película será de apenas cinco folios, que no elude un solo tópico de los relatos de superación deportiva, y que sigue punto por punto el desgastado manual de las relaciones amor-odio entre campeón veterano de vuelta de todo y aspirante engreído pero con talento. Pero qué le vamos a hacer si funciona, entretiene y hasta emociona. Hay que reconocerlo, sin darle más importancia de la que tiene. Es buen cine comercial. Sin más. Muy bien rodado, visualmente formidable, sin mayores pretensiones que el espectáculo y con el indiscutible carisma de Brad Pitt al frente del proyecto, recordando inevitablemente al mítico Paul Newman de las “500 millas”. Exactamente la misma fórmula que ya utilizó el propio Kosinski en la innecesaria secuela de “Top Gun: Maverik”, consiguiendo idéntico y notable resultado.
Aunque “F1” tiene un aliciente más para los seguidores de la prueba reina del automovilismo, y ese es la connivencia de la federación internacional y la multinacional gestora de la Fórmula 1, que ha permitido que la ficción se enmarañe con la realidad, usando nombres y marcas de escuderías reales, que además salen derrotadas y diríase que incluso desacreditadas en algún aspecto. Una arriesgada concesión que suponemos se sopeso y consideraron rentable en términos promocionales. De ahí los cameos de Sainz, Hamilton, Alonso o Verstappen, todos ellos batidos por Brad Pitt.
Director: Joseph Kosinski
Intérpretes: Brad Pitt, Damson Idris, Javier Bardem, Kerry Condon.
Javier Matesanz



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