“Elio” es ya oficialmente el peor estreno de la Pixar. Hablando de cifras. Y tal vez también hablando de cine. Aunque esto ya es más subjetivo. O del todo.
Se ha escrito mucho de esta debacle. De las autocensuras de Disney y, a causa de ello, los abandonos de buena parte de sus artífices. Los trasfondos ecologistas, LGTBI i la preeminencia latina entre los personajes protagonistas fueron menguando hasta su casi extinción, porque el horno sociopolítico yanqui no está para bollos, y visto lo visto retratarse sale caro. Así que hubo remontaje, replanteamiento, tijeras y deportaciones artísticas, hasta presentar y estrenar un amasijo de improvisaciones sin propósito real. Sin convicción ni rumbo ni auténtico destino. Sólo hipocresía moral y desesperación empresarial. Y el resultado es un reflejo de todo ello. Una historia sin personalidad, esquemática, facilona y previsible. Narrada a trompicones, resuelta con precipitación, sin sorpresas y sin carisma sentimental alguno, más allá del manido “somos familia”. Todo ocurre muy ordenadamente, no porque evolucione y fluya como consecuencia de una actitud u opción de vida, sino porque toca y hay que solucionar. Y así, la existencia de extraterrestres, de un orden intergaláctico rollo ONU estelar, y hasta la resolución de un conflicto bélico cosmológico, lo resolvemos con un delirante momentazo de cooperación internacional de radio-aficionados de alcance universal, nada menos, ayudando a sortear una lluvia de basura espacial. Y ya está. Final feliz con paz y abrazos gracias al poder de los lazos familiares, que también cimentan las sociedades alienígenas, aunque sean del tipo de oruga lepidóptera belicosa.
Muy poca cosa, la verdad. Al menos esto en lo que se ha convertido “Elio”. Qué hubiera sido, no lo sabemos.
Título: Elio
Productora: Píxar
Directores: Madeline Sharafian, Domee Shi.
Voces: Yonas Kibreab, Zoe Saldana, Brad Garret.
Javier Matesanz



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