La sátira es tal vez el género que mejor se ajusta a las necesidades críticas del mundo en el que vivimos. Una denuncia mordaz, irónica. Vaya, reír por no llorar, pero haciendo uso de nuestro derecho al pataleo, a ridiculizar con ingeniosa mala leche a quienes nos toman por tontos. Y lo cierto es que la fuente de inspiración es poco menos que infinita a tenor del panorama internacional que padecemos. Por eso nos parece idónea, casi inevitable, la recuperación de un texto tan cáustico y vigente como “El baül groc de Nofre Taylor”. Escrito por un visionario Alexandre Ballester en 1966, anticipándose a los excesos y abusos capitalistas que hoy hacen irrespirable nuestra sociedad globalizada.
Desde el humor, en sus muchas y variadas manifestaciones, la obra arremete contra el capitalismo exacerbado, los abusos laborales, la lucha de clases, el machismo tolerado y asumido en las jerarquías profesionales y personales, y las corrupciones y maquinaciones industriales al margen de los límites medioambientales o la más mínima consideración moral frente a un balance de cuentas. Todo muy legítimo, oportuno e incluso necesario, además de lamentable y rabiosamente actual. Pero algo no funciona pese a sus muchos alicientes y un material tan sugerente. Y el problema quizás sea la falta de definición. La dispersión genérica a la hora de narrar la historia, de dibujar los personajes, de exponer sus conflictos y compartir la denuncia social que subyace tras la patética parodia financiera que escenifica la obra. El conjunto nunca llega a cohesionarse, ni formal ni emocionalmente. Se convierte en un crisol genérico, realmente saturado, donde las escenas funcionan mejor o peor, pero lo hacen por separado. Sin encajar en un todo, y sin aparente justificación para que así sea. A no ser que la intención fuera el caos formal como marco narrativo.
Así, hay momentos realmente divertidos: el desternillante psiquiatra de Josep Orfila, la última de las “amiguitas” del magnate de la descarada Mariona Hauf o la comicidad lacónica de las criadas Alba Flor y Sofía Muñiz. De hecho, todo el reparto es formidable, y sería injusto hacer apartes. Del mismo modo que la escenografía, práctica y proporcionada, es la mejor de la temporada del Principal; y las propuestas sonoras y lumínicas son inmejorables. Pero el conjunto deviene una suma poco homogénea, que no consigue mantener la fluidez ni el equilibrio narrativo a causa de una continua fragmentación formal, rítmica y genérica no siempre convincente y de muy dispares resultados.
Producción: Teatre Principal de Palma
Autor: Alexandre Ballester
Dirección: Marga López
Intérpretes: Miquel Àngel Torrens, Luca Bonadei, Alba Flor, Maria Rosselló, Sofía Muñiz, Josep Orfila, Mariona Hauf.
Espai: Teatre Principal de Palma (Sala Gran)
Javier Matesanz



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