“Como cabras”. Literalmente. El exceso como estilo y lenguaje visual. Todo a lo grande y, sobretodo, a lo bestia. Ya desde esa salvaje evolución del básquet, el rugebol, practicado en estadios selváticos, glaciales o volcánicos, donde todo vale menos las leyes de la gravedad, ni el continuo espacio tiempo, un poco al estilo Oliver y Benji, pero en clave desaforada. Y con un ritmo narrativo más apabullante que trepidante, y una animación fascinante que apuesta por el barroquismo, incluso el feísmo y el trazo áspero en algún momento, escapando de la dulcificación estética aun en sus incursiones sentimentales. Que no solo las hay, sino que sustentan el relato. Porqué sí, tamaño artefacto, estridente y a ratos arisco, resulta ser el deslumbrante y desproporcionado envoltorio de un cuento sencillo y emotivo. Un pequeño relato que fabula con todo un zoo de coléricas, pero vulnerables fieras, y con la excusa de la adrenalítica gesta deportiva, para acabar deslizando, con una simplicidad sorprendente entre tanto ruido, dos de las moralejas más comunes de la narrativa popular: no renunciar nunca a nuestros sueños y el valor del trabajo en equipo.
Mucho para tan poco, podría parecer. Y no le faltaría razón a quien lo dijera. Pero no del todo. Y es que ese esquematismo argumental, tan bien arropado por el abrumador artificio visual, tiene una serie de dobleces y segundas lecturas que enriquecen el relato, y actualizan el discurso frente a ciertos automatismos enmohecidos de la tradición narrativa. Y conviene valorarlos. Por ejemplo, y sin subrayados, explicaciones ni justificación alguna, que los equipos profesionales de rugebol sean mixtos, y las dos estrellas rivales y enfrentadas, una hembra y un macho de igual a igual, sin entrar siquiera en disquisiciones de género. Un paso más, que se agradece.
Y una nota final para disipar dudas generadas por la presencia de Stephen Curry como productor del film, que según dicen se inspira en su vida. Nada que ver con “Space Jam”. Ni la de Jordan ni la de LeBron James. Ni un poquito. Es otra cosa. Es mejor.
Dirección: Tyree Dillihay, Adam Rosette
Producción: Stephen Curry
Animación.
Javier Matesanz



Els vostres comentaris