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Mañana empieza todo

Mañana empieza todo

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Omar Sy se hizo famoso por interpretar al cuidador apegado a la vida en Intocable, una de esas películas vitales e inspiradora que funcionan con el boca a boca y que llenan las salas de todo tipo de público. Qué duda cabe que era un gran papel y que era sencillo que algún productor decidiera que había que intentar la reedición de ese mismo personaje. Y ese es el caso de Mañana empieza todo, una reversión a la francesa de No se admiten revoluciones, la producción con más éxito del cine mexicano que funcionó como un reloj suizo en la taquilla, a pesar de sus orígenes del otro lado del atlántico. Y precisamente por revisión, el cambio en algunos aspectos se hacía absolutamente necesario.

La historia de un vividor, sin responsabilidades ni preocupaciones más allá de a quién invito a una copa esta noche, debe cuidar de una inesperada hija de pocos meses de la que desconocía su existencia. A partir de ahí, la lección de humildad y humanidad, cruza La vida es bella, de Roberto Begnini, con su carismático anterior personaje. El resultado está perfectamente estudiado para que sea un éxito de taquilla. Partes cómicas mezcladas con partes más emocionales que disparan directamente al lacrimal del espectador, encajan como lo hacen los anuncios de televisión y consiguen el efecto deseado. Y ese es su único pero.

Porque Mañana empieza todo es tan perfecta que resulta algo falsa para aquellos que buscan alguna cosa más que los sentimientos estandarizados con aspecto de originales. El trabajo de Hugo Gélin se asemeja a uno de esos personajes que, de belleza y atracción aparentemente natural, han trabajado su imagen frente al espejo durante horas para conseguir precisamente esa sensación de naturalidad. Uno puede disfrutar de ello y admirar su labor o criticar su falsedad. En el caso de la película la decisión es más sencilla, ya que la química entre Omar Sy y Gloria Colson son tan perfectamente naturales que el público no puede hacer otra cosa que encariñarse con ellos y, por ende, por su historia. Aunque no llegue a conocer nunca sus razones ni su personalidad más allá de lo que su imagen en el espejo quiera mostrar, porque aquí no se busca profundidad, sino empatía. Aún así, de vez en cuando y en algunas circunstancias, se agradece el consumo de algunas de esas fórmulas perfectas, vídeos motivacionales y otros estándares de la comunicación. Aunque sólo sea para hacernos sonreír o llorar durante dos horas. O incluso para despejar la equis.

Dirección: Hugo Gélin. Intérpretes: Omar Sy, Clémence Poésy, Gloria Colston, Antoine Bertrand.

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