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El hombre que mató a Don Quijote

El hombre que mató a Don Quijote

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Preferiría no haberla visto. Es más, preferiría que no se hubiera estrenado. La película de Gilliam iba camino de convertirse, como ya ocurriera con el proyecto jamás acabado de Orson Welles, en leyenda inconclusa de la historia del cine, a la altura de los sueños rotos del personaje retratado; pero ahora, después de veinte años de estériles batacazos, no es más que otro borrón, tal vez el más hiriente, en la irregular filmografía del ex Monty Python, capaz de lo mejor (12 monos, El rey pescador) y de lo peor (El secreto de los hermanos Grimm, Teorema Zero). Un film sobre el Quijote donde no hay rastro del hidalgo cervantino más allá de cuatro frases estereotipadas y coladas con calzador, y sonrojantes versiones reformuladas de emblemáticos pasajes del libro, que uno necesita olvidar por pura higiene mental y respeto literario. ¿Pero qué le pasa a los extranjeros con las tradiciones y las festividades hispanas? ¿Acaso no pueden permitirse un asesor local? El aquelarre pirotécnico y multicultural del tramo final, con fallas, cabezudos, indumentarias carnavalescas venecianas y hasta dragones chinos, es un cóctel tan improbable como indigesto, que evidencia la ineptitud de los responsables del diseño de producción del film. Por no hablar del magnate ruso del vodka, interpretado con absoluta desvergüenza por Jordi Mollà, que celebra una Semana Santa manchega vestido de tejano. Alucinante. O el gitano (no podía faltar uno en España, aunque sea en Castilla) de Oscar Jaenada, que no se sabe muy bien qué hace ni para qué sirve, si es el roto o el descosido, si ayuda o malmete. Lo único evidente es que sobra. Aunque la palma se la llevan Sergi López y Rossy de Palma haciendo de sarracenos clandestinos en una especie de zarrapastrosa comuna hippy, con un acento imposible que no colaría ni en el Cracovia de TV3. Parece una broma, pero no lo es. La película tiene ínfulas y es una ruina. Amenazante, además, pues la cinta es al final un demencial traspaso de poderes que bien podría sugerir una continuación. Uf!

Director: Terry Gilliam Intérpretes: Jonathan Pryce, Adam Driver, Olga Kurylenko, Stellan Skarsgard.

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